
Diario de campo digital
Durante años he dicho la misma frase, casi como una muletilla: “la vida te da lo que pides y necesitas”. La decía después de cada curso, cada decisión, cada puerta que se abrió cuando yo ni siquiera sabía que existía. Sonaba bonita. Sonaba a viento a favor que llega sin que lo pidas.
He decidido que está incompleta. Ningún viento te lleva a ningún sitio si tienes las velas recogidas. Esto es lo que significa de verdad reinventarse profesionalmente a los 40: no una cadena de casualidades bonitas, sino… es la cuenta real de lo que he pagado, lo que he dudado y lo que he seguido haciendo de todas formas, con miedo, sin carta de navegación y sin dejar nunca de moverme en dos direcciones a la vez.
No es la primera vez que cambio de rumbo. Antes fueron países — Londres, Lanzarote, Australia — y un patrón que se repetía siempre igual: llegar, empezar de cero, construir algo, y cuando por fin estaba cómoda, cortar amarras y volver a salir. Esa parte ya la conté en Quién soy. Lo que quiero contarte aquí es la travesía que estoy navegando ahora mismo, con el ordenador en vez de la tabla de surf, pero con el mismo criterio de siempre: observar las condiciones, calcular el riesgo, y decidir si la travesía merece la pena.
El primer viento tuvo nombre: Foundez
Mi primera entrada seria en el mundo digital fue un curso de Foundez, de inteligencia artificial para creativos. Fue también mi primer desembolso importante de dinero en algo que no podía tocar ni garantizar. Y durante todo el proceso tuve la misma duda clavada como una boya en medio de la ruta: ¿esto es un timo? ¿me va a servir de algo?
No fue solo un curso. Me dio muchísimo más de lo que esperaba: aprendí, sí, pero sobre todo vi por dentro cómo se organiza algo hecho con cabeza — una estructura, una lógica, un método, como una embarcación bien mantenida. Eso se quedó conmigo como base para todo lo que vino después, aunque hoy ya no tenga ninguna relación comercial con ellos. Fue el primer empujón, y llegó disfrazado de miedo, no de certeza.
Me afiancé, sin soltar ningún otro rumbo
Después vino un máster de RTVE, también en el terreno de la inteligencia artificial aplicada a la comunicación y la creatividad. Ahí es donde empecé a afianzarme de verdad, a dejar de sentir que estaba jugando a algo que no me correspondía.
Pero esto no nació de la nada. Vengo del mundo multimedia: hice un curso del paro de creación de productos multimedia, soy cámara de vídeo y edito. Esa base ya estaba ahí antes de que ningún máster la nombrara — como la cámara y el ordenador que me acompañaron por Londres, Lanzarote y Australia sin que yo lo planeara así. Los últimos años, además, me metí de lleno en el mundo de las guías acompañantes de turismo, con otro curso del paro centrado en la creación de productos turísticos locales y en información local. Después hice mis prácticas en una oficina de turismo de naturaleza en Puente Viesgo, aquí en Cantabria.
Dos rumbos a la vez. Ninguno esperando a que el otro llegara a puerto. Y quiero ser clara con esto porque es la parte que normalmente se calla: nadie me dijo que tenía que elegir entre la cámara, el turismo o el ordenador. Fui yo la que decidió no soltar ninguno, aunque eso significara avanzar más despacio en los tres a la vez que si hubiera puesto rumbo fijo a uno solo.
Siempre quise trabajar por mi cuenta, con el ordenador, sin depender de que alguien me diera turno. Con ese impulso, y con mucho ímpetu, me decidí por el curso de Partner360 — un desembolso económico grande, en el que sigo hoy. Al mismo tiempo, y sin que una cosa frenara a la otra, fui contratada cuatro meses en el municipio de Bareyo como informadora turística.
De ahí nació el blog. Bitácora Digital Studio, con sus reviews y sus artículos de opinión, nació justo en ese cruce: el impulso de trabajar por mi cuenta y esas cuatro semanas en Bareyo, sin que una cosa frenara a la otra. Y mientras el blog crecía, seguí aceptando viajes como guía acompañante. Ninguno de los dos frentes arrió las velas para que avanzara el otro.
Ahora mismo, en mar abierto
Y llego al presente, que es la parte que más vulnerable me deja: el 10 de agosto arranca un proyecto nuevo para mí. Es el más reciente, y esta vez sí sé lo que significa cambiar de rumbo profesional pasados los 40 — hay que poner toda la carne en el asador y soltar amarras de verdad. Es a lo que quiero dedicarme, de donde quiero sacar mi sueldo, no un ingreso extra en un rincón de mi vida. No lo escribo con la seguridad de quien ya ha llegado a puerto. Lo escribo desde mar abierto, unos días antes de zarpar de verdad, sin saber todavía si esta vez el desembolso y el impulso se van a traducir en lo que necesito que se traduzcan.
Podría no decir esto. Podría esperar a tener resultados y contarlo ya resuelto, con la duda convertida en anécdota superada. Pero ese no es el artículo que quiero escribir hoy.
Lo que quiero que te lleves
Si tienes 40, 50, 60 años y estás sosteniendo dos trabajos, dos identidades, dos rumbos a la vez sin saber cuál va a ser el que te sostenga — no esperes a que la duda desaparezca antes de moverte. Yo no la he perdido nunca. Sigo preguntándome si esto es un timo cada vez que pago un curso nuevo. La diferencia es que sigo pagando, sigo aprendiendo, sigo aceptando el siguiente trabajo aunque no encaje con el rumbo anterior. esto es reinventarse a partir de los 40 de verdad.
La vida te da lo que pides y necesitas — pero solo si sigues navegando el tiempo suficiente para que el viento te encuentre, con miedo incluido. Esa es la frase completa. Yo la estoy viviendo ahora mismo, a seis días del 10 de agosto.
Una cosa más antes de cerrar
El 24 de agosto arranca algo que yo también voy a hacer: cuatro sesiones gratuitas de La Semana de la Inversión: Sí Es Para Ti» — el evento gratuito
No te lo cuento porque tenga los resultados. Te lo cuento porque estoy en el mismo punto que tú — antes de saber si funciona, antes de tener la respuesta, desde mar abierto.
Si estás sosteniendo dos vidas a la vez y todavía no sabes cuál va a ser la que te sostenga, quizás este sea el momento de mirar las condiciones antes de decidir si la travesía merece la pena.
Cuatro sesiones. Gratis. Del 24 al 31 de agosto.
